¿Puede tu idioma influir en tus hábitos de gasto, comida y tabaco?

Una afirmación que suena absurda pero que lleva a un sorprendente descubrimiento.

Sí, lo sé. Ese titular. Parece la forma más atroz de hablar de interferencia causal. ¿Los estadounidenses no ahorramos dinero por culpa de… nuestra gramática? ¡Qué cosa tan absurda! Pero tengan paciencia conmigo.

En 1930, los lingüistas propusieron que la forma en la que leemos, escribimos, y hablamos ayudó a determinar la forma en la que vemos el mundo. Los hablantes de idiomas que tienen la misma palabra para decir “naranja” y “amarillo” lo tienen más difícil para en realidad distinguir los colores. Los hablantes de la lengua Thaayorre Kook, que no tiene palabras para decir izquierda o derecha, se orientan por el norte, sur, este y oeste, lo que en todo momento mejora su conocimiento de los marcadores geográficos y astronómicos.

El año pasado, el economista Keith Chen dio a conocer un documento de trabajo (ahora publicado) sugiriendo que los hablantes de idiomas sin tiempos futuros fuertes tendían a ser más responsables acerca de la planificación del futuro. Un ejemplo rápido. En inglés decimos ”Iré al juego de mañana” una forma verbal de futuro fuerte. En chino mandarín o en finés, que tienen tiempos verbales para el futuro más débiles, puede que sea más apropiado decir “voy al juego de mañana”.

Chen se preguntó si los idiomas que tenían tiempos futuros débiles serían más reflexivos acerca del futuro porque lo consideran, gramaticalmente hablando, equivalente al presente. Situó en un mapa los tiempos verbales más fuertes y débiles en Europa y los relacionó con los datos sobre los comportamientos orientados al futuro con respecto a los ahorros, el fumar o el uso de condones.

Sorprendentemente, descubrió que, en comparación con los hablantes de idiomas con tiempos verbales de futuro fuerte,  los hablantes de idiomas con tiempos verbales débiles (como por ejemplo alemán, finés o estonio) ahorraban un 30% más de dinero, eran un 24% menos fumadores, había un  29% de probabilidades de que hicieran deporte con más frecuencia y un existía un 13% menos de probabilidades de que fueran obesos.

Si tus antenas se han levantado (como han hecho las mías), puede que estés más interesado en la siguiente parte. El próximo paso de Chen fue comparar a los hablantes nacidos y criados dentro de un mismo país así como, tener en cuenta factores como la edad y el número de hijos. Los resultados que encontró fueron los mismos: los hablantes de lenguas con tiempos verbales futuros débiles mostraron extraordinariamente, y de forma estadísticamente significativa, comportamientos orientados al futuro más responsables. Incluso dentro de países como Suiza, que es una mezcla variopinta de lenguas con tiempos futuros fuertes (como el frances) y idiomas con futuros débiles (como el alemán).

Todo el trabajo – desde sus crédulas demandas a sus sorprendentes conclusiones- ha sido resumido  de forma más que elegante en este video de Fractl, el equipo creativo detrás de eBay Deals.

 

Algunos economistas y lingüistas atacaron ferozmente la investigación diciendo que era simple  o algo peor. Pero otros volvieron a analizar los datos y encontraron, para su asombro, que Chen parecía tener razón. Su trabajo fue publicado (junto con los agradecimientos de algunos de sus críticos más feroces) en la “American Economic Review” de este año.

“Un punto importante a la hora de interpretar los resultados es la posibilidad de que la lengua no sea la causante sino que esté reflejando diferencias más profundas que el comportamiento con respecto a los ahorros” concluía Chen. El lenguaje agrupa a grandes grupos de personas, pero también lo hace la religión, la cultura, los valores familiares, y la historia común. ¿Son los alemanes frugales porque su idioma les protege de descuentos hiperbólicos, o es simplemente  que, bueno, son alemanes?

La pregunta no tiene una respuesta satisfactoria, pero este trabajo, tan salvaje como parece, no es un cambio radical de la literatura. “En general, mis descubrimientos son ampliamente consistentes con la hipótesis de que los idiomas con referencias obligatorias al futuro llevan a sus hablantes a tener un comportamiento menos orientado al futuro” escribió Chen.

¿Qué significa esto? No tengo ni idea, y el propio Chen ha respondido al criticismo hacia su trabajo con una honorable mezcla de erudición y encogimiento ante la incredulidad. Pero yo supongo que si tienes problemas como la dilapidación procrastinante, como me pasa a mí, no creo que haga daño aprender estonio. O quizás algo más simple, escribirte notas que te inspiren exclusivamente en tiempo presente. El futuro puede que sea otro país, pero no hace falta sentirlo así.

 

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