Perros de terapia – Para muchos un perro es la mejor medicina

Los perros olfatean tumores y avisan a sus dueños de hipoglucemia o ataques epilépticos. Los investigadores descubren poco a poco lo que los animales pueden hacer.

En realidad todo estaba claro para Thorsten Walles. ¿Perros que pueden reconocer el cáncer? Qué tontería, pensaba el médico – y quería demostrar, que los animales no son capaces de esto. En la clínica Schillerhöhe, especializada en los pulmones, del hospital Robert-Bosch en Stuttgart (Alemania), comenzó un estudio con cuatro perros y pruebas del aliento en 220 personas,  el estudio más grande sobre este tema a nivel mundial. Dio como resultado el contrario de lo que Walles esperaba: incluso en algunos casos, los perros olfatearon minúsculos tumores, que casi no se podían ver en la radiografía.

Investigadores en todo el mundo trabajan en una forma similar de diagnóstico precoz. La investigación debe servir para imitar las capacidades del perro electrónicamente. En un estudio japonés un perro labrador identificó a personas que enfermaron de cáncer intestinal; en una clínica en Paris un pastor alemán olió a  hombres que enfermaron de cáncer de próstata. También Walles, que ahora dirige la cirugía torácica en la clínica universitaria en Würzburg, sigue investigando. El profesor quiere descubrir qué es exactamente lo que huelen los animales en el aliento de sus pacientes: “El tema es científicamente muy interesante y relevante.”

A los perros y los hombres les une una relación estrecha. Los descendientes de los lobos ponen sus capacidades al servicio de sus dueños desde hace milenios, como los perros de caza o perros de los pastores. Después de la primera guerra mundial comenzaron a ayudar a los ciegos, y últimamente ayudan también en el área de la medicina. Trabajan en la psicopediatría o con mayores que enfermaron de demencia. Y muy probablemente avisan a los diabéticos de hipoglucemia y  a los epilépticos de ataques espasmódicos. En todas esas tareas se sirven de dos talentos:  la nariz tan fina y el sentido de atención por el de enfrente.

Regina Bosse es una señora fuerte de 61 años que no se deja doblegar. Con sólo 13 meses enfermó de polio, nunca pudo aprender a andar y tiene un brazo paralizado. Primero sus padres lucharon para que pudiera ir a un colegio regular en una silla de ruedas. Más tarde hizo el bachillerato profesional y estudió trabajo social. Desde que su enfermedad le obligó a la prejubilación con 50 años, interviene en trabajos voluntarios. Su antiguo perro Paule le fue una gran ayuda.

Ahora Leo ha comenzado su sucesión: una mezcla de labrador y caniche gigante, vivaz y acogedor, con una piel suave y blanca y una mirada despierta. LLeno de energía tira de sus zapatos, para quitárselos, cuando Regina Bosse se lo pide. Y cuando tiene calor, Leo coge las mangas de la chaqueta y se la quita.

En caso de que un papel vuele del escritorio al suelo, lo levanta con su morro. El interruptor de la luz lo maneja con su pata. Y si suena el timbre abre la puerta a petición de su dueña: con la ayuda de la cuerda azul, que se balancea en la puerta, tira del picaporte. Evidentemente todo esto le gusta mucho.

 

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