El olor de las axilas dice mucho sobre quién eres

Y no solo cuántas veces al día te duchas.

Normalmente, las personas nos consideramos solo personas. Puede desconcertarnos recordar que también somos mamíferos que, como la mayoría de las especies de mamíferos, inconscientemente nos mandamos señales olorosas los unos a los otros, transmitiendo información sobre nuestro sexo, estado reproductivo, estado de ánimo, salud e incluso la probabilidad de ser parejas compatibles. Si la idea de que tus secreciones dicen algo sobre ti te asusta, entonces no te gustará la noticia de que las señales reveladoras que emitimos con nuestro olor pueden ser en realidad el resultado final de una fermentación microbiana que se lleva a cabo en los pliegues húmedos y con poco oxígeno de nuestro cuerpo. Un estudio reciente sobre las señales olorosas de las hienas presenta la evidencia más clara, a día de hoy, de que las bacterias son responsables de producir feromonas en mamíferos. Estos resultados implican que las bacterias de nuestras axilas pueden tener un papel sorprendentemente complejo en nuestra vida social.

La idea de que los microbios son los que realmente producen las feromonas de los mamíferos se remonta a los años 70 cuando varios científicos propusieron la “hipótesis de la fermentación.” Su idea era que, debido a que las glándulas odoríferas normalmente se encuentran en zonas del cuerpo cálidas, húmedas y con una baja proporción de oxígeno, los microbios que se desarrollan en esas zonas fermentan las secreciones del cuerpo ricas en nutrientes, transformándolas en las señales químicas olorosas que la mayoría de los mamíferos utilizan para comunicarse.

Probablemente lo que comunicamos depende, al menos en parte, de los microbios que albergamos.

La hipótesis de la fermentación ha sido difícil de comprobar con un resultado definitivo, hasta hace poco tiempo. Los descubrimientos tecnológicos en el análisis del ADN dieron acceso a nuevos reinos del mundo microbiano que antes eran casi invisibles, incluyendo trillones de bacterias simbióticas que viven dentro de nosotros y sobre nuestra piel. En los últimos años, estudios sobre los microbios simbióticos han revelado que estos regulan los efectos de nuestra dieta, preparan a nuestro sistema inmunológico, y generalmente juegan un papel influyente en nuestra salud. Algunos científicos están llevando este paradigma microbiano más allá: las bacterias simbióticas también pueden jugar un papel importante en el comportamiento animal como componentes clave del sistema de comunicación química de los mamíferos. Por primera vez los científicos cuentan con las herramientas necesarias para hacer una comprobación rigurosa de la hipótesis de fermentación.

Un grupo del estado de Michigan, dirigido por Kevin Theis, Kay Holekamp y Thomas Schmidt, comenzó la tarea de comprobación en dos especies de hienas, mamíferos que continuamente utilizan señales olorosas para comunicar límites territoriales y otra información importante de tipo social. La composición química de la esencia de una hiena puede variar dependiendo del grupo al que pertenezca, el sexo y el estado reproductivo. El objetivo de los investigadores era descubrir si el tipo de bacteria en las glándulas odoríferas de las hienas cambiaba según la diferente composición química de la esencia. Esto era importante porque las principales críticas a la hipótesis de fermentación sostenían que era poco probable que las bacterias simbióticas fueran tan diversas como para producir tantas sustancias químicas distintas en los olores de los mamíferos.

Theis y sus compañeros recogieron secreciones olorosas, llamadas pastes en inglés (pasta viscosa y pegajosa), de las glándulas de hienas anestesiadas y analizaron su composición química y bacteriana. Encontraron, como esperaban, que las moléculas odoríferas de las pastes variaban entre diferentes especies, grupos sociales y también en hienas preñadas o en periodo de lactancia. Pudieron incluso identificar diferencias en las señales químicas de machos que habían emigrado de unos grupos sociales a otros.

Pero lo más significativo que encontraron es que las diferencias entre las especies de bacteria de las pastes estaban muy ligadas a las diferencias en las sustancias químicas de esas mismas pastes. Podían diferenciar a una hiena preñada de otra en periodo de lactancia simplemente observando las bacterias de sus glándulas odoríferas.

Estos resultados ofrecen el mayor respaldo, hasta ahora, a la hipótesis de la fermentación, pero todavía falta una evidencia crucial. Los investigadores no mostraron que las bacterias simbióticas fueran las que producían las diferentes sustancias químicas de las pastes de las hienas. Pero sí tenemos evidencias de que las bacterias producen moléculas odoríferas en otra especie: los humanos. Los científicos afirman que muchas de las sustancias químicas del olor de las axilas son el resultado de la fermentación bacteriana. Aunque gran parte del estudio se centra en hallar las fuentes del mal olor, es cada vez más evidente que el sudor de nuestras axilas revela algo más que simplemente nuestros hábitos de aseo. Lo que comunicamos depende, al menos en parte, de los microbios que albergamos.

El grado de influencia que estas señales olorosas inconscientes tienen en el comportamiento humano es todavía una gran incógnita, pero hoy en día no hay duda del importante papel que cumplen las bacterias simbióticas en nuestra fisiología. Toda forma de vida existe en un medio que se crea gracias a la enorme diversidad química que proporcionan millones de tipos distintos de microbios. El siguiente paso es entender cuánto de lo que somos depende realmente de nuestra íntima relación con estos microbios.

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Imagen: Saynine (Flickr)

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