Desde dentro: las raíces evolutivas del partidismo

Desde sabios filósofos hasta encuestadores, todos llevan tiempo intentando explicar qué hace que los votantes se decanten por la derecha o por la izquierda. Como animales políticos, las personas somos impredecibles. ¿Porque la gente pobre y conservadora vota en contra sus intereses económicos? ¿Por qué jóvenes intelectuales y privilegiados hacen campaña en favor del estado de bienestar?

A algunos investigadores políticos les gusta creer que las preferencias políticas tienen sus raíces en “elecciones racionales”. Los sociólogos afirman que las inclinaciones políticas se conforman a través del hogar de la persona, las instituciones y los grupos sociales. Ahora es el momento de que los biólogos y psicólogos tomen cartas en el asunto, argumenta Avi Tuschman en su nuevo libro “Our Political Nature” (Nuestra naturaleza política). Formado en antropología, afirma que los instintos evolutivos dan forma a las preferencias políticas – y conforman el partidismo de la persona- mucho más que sus ingresos o lo que la gente ve en televisión.

Con un arsenal de datos y estudios, Tuschman ve las divisiones políticas a través de tres rasgos de personalidad principalmente: tribalismo, tolerancia de la desigualdad y visión de la naturaleza humana. Estas cualidades son cuantificables y tienen su origen en la biología, argumenta. La xenofobia, por ejemplo, es el resultado de las preferencias educativas y de crecimiento. En los casos dónde las enfermedades sexuales son comunes – especialmente en regiones cálidas- la gente es más reservada en términos sexuales y de forma instintiva evitar tener parejas de grupos étnicos diferentes.

La forma de educar a los hijos influye en las opiniones de la próxima generación, asegura Tuschman. Señala estudios que muestran que los “izquierdistas” provienen de familias menos disciplinarias y más igualitarias en las que a los niños se les anima a desafiar a los adultos. Es más habitual que los hermanos pequeños tienden incluso más hacia la izquierda, principalmente porque a sus hermanos mayores se les ha obligado a ser más responsables, lo que les alienta a identificarse con la autoridad de sus padres – y quizás con la autoridad en general.

Las opiniones sobre la desigualdad de ingresos están divididas. Para los “izquierdistas” son los factores externos, como una educación deficitaria o la mala conducta,  los culpables de una distribución desigual. Mientras tanto “los conservadores”, suelen ver estas diferencias como una consecuencia justa de las habilidades y elecciones individuales de cada persona. Estas creencias tienen poco que ver con la riqueza personal. Tuschman pone por ejemplo una encuesta llevada a cabo en California en la que los encuestados más pobres eran los que más respondían que “la gente tiene lo que se merece” además de ser los más religiosos. Aún así no consigue explicar en profundidad la razón por la que esto puede ocurrir.

La última sección está dedicada a los medidores de los niveles de altruismo. La mayoría de la gente suele ser más amable con otros que pertenecen a su misma tribu – partido político, raza, nacionalidad…. Las motivaciones para esa generosidad en la mayoría de las ocasiones tienen que ver con el status. Aún así Tuschman nunca llega a explicar si el altruismo es más liberal o conservador.

De hecho, los esfuerzos del autor por utilizar “ciencia pura” para ilustrar el partidismo en muchas ocasiones se estrellan. El libro tiene muchos estudios pero da muy pocas claves. El mundo político que Tuschman describe suele ser dual y muy fácil de clasificar. Muchos de sus ejemplos proceden de aquellos que están en los extremos de la política, como Glenn Beck, un populista libertario, y un grupo llamada “La resistencia aria blanca”. Mientras tanto los votantes que se quedan a medio camino obtienen poco reconocimiento por su impredictibilidad.

Puede que sea porque los moderados no encajan en la narrativa política de los deterministas biológicos como Tuschman. Según su punto de vista los votos, como la moral y los valores, tienen poco que ver con la capacidad de razonar y mejorar. En ningún momento menciona la racionalidad detrás del centrismo, o por qué los momentos de divergencia extrema tienen una corta duración. Para responder a estas preguntas, Tuschman debería volver a echarle un ojo a los filósofos a los que no tiene en cuenta. Darwin puede darle explicación a muchas cosas, pero no a todo.

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