¿Cuando dominarán el mundo las mujeres?

Los líderes mundiales llevan mucho tiempo reconociendo el valor de dar poder a las mujeres, por su propio bien y para ayudar a lograr esas metas sociales tan a largo plazo como son erradicar la pobreza, la educación infantil, combatir las enfermedades y proteger el medio ambiente. Pero, ¿cuánto progreso se ha hecho hacia la igualdad de género?

Es una pregunta que la ex secretaria de Estado Hillary Clinton se ha comprometido a responder. En en el año 2015, en el 20 aniversario de la pionera conferencia de Naciones Unidas sobre cuestiones de género en Pekín.

Es una gran idea medir el progreso y usar la conferencia de Pekín como un punto de referencia. Los 12 objetivos estratégicos establecidos en el 1995 ofrecen un marco razonable para mejorar la situación de las mujeres. Se centran en áreas como la erradicación de la violencia, el poder de tomar decisiones, la igualdad económica, salud, educación, gestión de los recursos naturales y las percepciones de las mujeres.

El problema es que la medición del progreso permanece fragmentada y es incompleta. Entidades como las ONU, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico y el Foro Económico Mundial han creado una sopa de letras de indicadores destinados a rastrear las diferencias de género, todos ellos con sus propios inconvenientes y puntos ciegos.

La medición de la desigualdad de género que se basa en los ingresos  como una aproximación al poder económico, por ejemplo, fallan a la hora de reconocer que la contribución de una mujer al hogar no puede medirse en términos monetarios, y que los ingresos de una mujer son insignificantes si no puede decidir cómo gastarlos. La medición de la longevidad como una forma de medir la violencia ignorar los efectos que los abusos sexuales o de otro tipo pueden tener en las capacidades de una mujer para desarrollar su potencial. Muchos datos se recogen con poca frecuencia  o en muy pocos países como para que sean útiles.

Lo que se necesita es una esfuerzo consensuado y global para recopilar datos importantes y crear indicadores que respondan a los objetivos de Pekín. Esto implicaría la catalogación de la información disponible, la identificación de lagunas, el consenso al crear estándares internacionales y ayudar a los países más pobres con la tarea de la recopilación de datos. También implicaría hacer preguntas algo diferentes. Por ejemplo, ¿cuántas horas dedican las mujeres al trabajo doméstico no remunerado? ¿Quién maneja los hilos del dinero en el hogar? ¿Está cambiando la actitud de los hombres hacia las mujeres?

Un modelo para la acción pueden ser los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas – ocho objetivos específicos y medibles en áreas como la reducción de la pobreza, la educación y la salud que se supone que deben cumplirse para el año 2015. Aunque lejos de ser perfecto, los objetivos más viables han generado más progresos de lo que se esperaba. Lo han hecho por las las Naciones Unidas y muchos de sus miembros más influyentes hicieron que fueran una prioridad.

Los derechos de las mujeres pueden y deben jugar un papel mayor en los objetivos del milenio. Pero también necesitan un punto de vista independiente, una entidad que pueda coordinar iniciativas públicas y privadas, actuar como un centro de intercambio de información y contar con la cooperación de un amplio rango de naciones desarrolladas y en desarrollo. La ONU es, probablemente la única organización que reúne todos los los requisitos., y ya tiene un vehículo preparado, conocido como las ONU de las mujeres, creada en el año 2010 específicamente para promover la equidad de género y el desarrollo de las mujeres.

El mundo ha dado grandes pasos para cerrar la brecha  del género en áreas como la salud y la educación, pero a la mayoría de ellas aún les queda un largo camino por recorrer.  En las empresas más grandes de Estados Unidos, por ejemplo, solo uno de cada 5 miembros de las consejos son mujeres, según “Corporate Women Directors International”. En 86 países en desarrollo y que son estudiados por la OCDE, aproximadamente 1 de cada 2 mujeres creen que la violencia doméstica está justificada en ciertas circunstancias.

Todo el mundo está interesado en que los esfuerzos para cerrar la brecha del género tengan éxito. En una investigación publicada por la OCDE, los economistas estimaron que por cada 30 países desarrollados, la convergencia plena entre las tasas participación en el mundo laboral de los hombres y mujeres tiene el potencial de impulsar el crecimiento económico para el año 2030 en una media del 12%. Un estudio en Pakistán del Banco Mundial descubrió que los hogares en los que las mujeres tienen mayor poder a la hora de tomar decisiones gastaban más dinero en educación, comida más sanas y era más probable que sus hijos estuvieran matriculados en la escuela.

Lo que este esfuerzo necesita es el tipo de voluntad política que Clinton y otros ya han empezado a generar. Esperemos que, dentro de 10 años, podamos decir que se ha conseguido una diferencia apreciable.

Share this post

No comments

Add yours